Defensa del ciudadano

martes, 21 de octubre de 2014

Si hay algo en lo que se proyecta nuestra condición de ciudadanos con mayor claridad es en nuestra condición de consumidores. 

La gente en su día a día, en su vida cotidiana, rara vez siente su condición de ciudadano en el modo más clásico en cuanto a su relación con el poder o con la política. Y cuando es así tiene que ver con su relación con un servicio público como la sanidad, el abastecimiento de agua, el suministro de energía eléctrica, etc., lo que se proyecta como una modalidad de consumo. 

Es en la condición de consumidor en la que el ciudadano se siente más abandonado y desatendido en su vida real por los poderes públicos, por las administraciones, y en definitiva, por la política. 

Cuando un ama de casa, un trabajador o un jubilado, por ejemplo, se pelea con su compañía de telefonía móvil, con su entidad financiera o con la empresa que le suministra la energía eléctrica, es donde de forma más directa siente que las administraciones públicas, no le sirve, no le es útil. 

Los ciudadanos echan en falta que alguien en política hable de las cosas que más acontecen en su día a día. 

Los grandes debates políticos no cuentan con una gran audiencia ciudadana, porque la gente no siente que le estén hablando de sus problemas cotidianos que no son otros que los problemas que tiene como ciudadano, consumidor ante las grandes empresas y las grandes multinacionales. Esa sensación de indefensión hace que sospechen que la política no le sirve para resolver sus problemas, los suyos, los cotidianos, los que de verdad le afectan. 

Resulta incoherente que los políticos dediquen tan poco tiempo a hablar de los derechos de los consumidores ante las grandes corporaciones y multinacionales para las que tienen la sensación de trabajar. 

Cualquier familia de España dedica casi el 80 % de su salario a pagar servicios suministrados por grandes empresas. Los gastos normales de una unidad familiar suelen ser el dedicado a la vivienda (sector financiero), agua y luz (sector de las energías), teléfono y servicios de internet (sector de las telecomunicaciones). Sin embargo, los avances en su protección frente a esto son lentos y débiles. La capacidad de estos sectores de imponerle al consumidor las condiciones en las que les presta estos servicios y lo que deben pagar por ello son cada vez más altas. Es aquí en donde nace la idea de que la política y lo público no tienen capacidad de controlar al poder económico. En ningún otro campo como en la defensa de los ciudadanos como consumidores. De aquí la necesidad de que los políticos y las administraciones bajen al terreno de lo concreto, al terreno de servir de verdad como árbitro en la relación entre consumidores y grandes empresas.

Fuente:http://www.diariodeavisos.com/2014/04/ciudadano-consumidor-por-gustavo-matos/

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