Son dos realidades que deben ir avanzando al mismo paso, de forma complementaria y armónica. La labor del Mediador a nivel de intervención será la de informar, orientar, dirigir los asuntos a tratar pero en ningún caso peritar, influir, o tomar decisiones por las personas implicadas en el conflicto. Una de las diferencias fundamentales que distingue al mediador/ mediadora con respecto a otros profesionales es que con su intervención activa, favorece la comunicación, dirige las discusiones y contiene los conflictos, delegando la toma de decisión a los protagonistas.
El objetivo de la intervención se centra en ayudar a las personas en conflicto, a que encuentren por sí mismas su gestión y resolución de conflictos y problemas, estableciendo las bases de un acuerdo duradero con la implicación de las partes y teniendo en cuenta las necesidades de cada una de ellas.
La negociación en Mediación se establece en un clima distendido, de respeto mutuo, donde cada parte puede exponer sus razones y sentimientos, favoreciendo que la negociación se establezca sobre la motivación y los intereses que cada uno tiene detrás de sus propuestas.
Con la Mediación Familiar se ofrece a las familias una oportunidad personalizada de gestión de sus conflictos de forma responsable y rica. El principal objetivo de la Mediación Familiar no es otro que intentar que las familias puedan llegar a establecer unos acuerdos duraderos que les estructure la reconstitución de la organización de la vida familiar tras la fase de separación, teniendo en cuenta las necesidades de todos los miembros de la familia (siguen siendo una familia, pero con unas circunstancias diferentes).
La separación y/o el divorcio de las parejas implica una situación de crisis en la organización familiar, donde se mezclan condicionantes legales y emocionales, lo cual hace que las interacciones conflictivas sean muy difíciles de manejar. Dependiendo de cómo se aborde la crisis por los interesados, se incrementarán, cronificarán o reducirán los pensamientos negativos en el conjunto de sus miembros, o se pondrá el énfasis en los sentimientos legítimos y positivos, lo cual redundará en beneficio del progreso de la nueva realidad de la familia.
Se ha observado que los hijos/hijas de las parejas separadas y divorciadas que no pierden la relación y el contacto de sus progenitores, con el tiempo acaban asumiendo la situación de forma positiva. Y ello porque las reacciones de los menores dependen en gran medida de las informaciones y explicaciones que hayan recibido, de cómo afronten sus padres la ruptura y si éstos son capaces de superar las dificultades para enfrentarse a las nuevas circunstancias, suprimiendo las luchas y evitando manipulaciones que afectan, de forma directa, a los niños/ niñas que viven esta situación. En el proceso de Mediación Familiar se informa por parte del Mediador de la importancia de la participación de ambos padres en la crianza de sus hijos, así como de los riesgos que conlleva el excluir a un progenitor de ésta.
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